My Name – Brenda Giselle Guerra (7)

Mi nombre es Brenda Giselle Guerra. Cuando pienso en mi nombre pienso en como ejemplifica mi identidad. Desde mi infancia en México y en el valle del sur de Texas, siempre he sentido que mi nombre es uno de esos aspectos que reiteran mi estado en nepantla. En ambos idiomas suena similar, pero evidentemente crea un distinto tono para mí. Mientras que en el español siempre ha sonado como un lenguaje armónico lleno de aromas y cultura, el inglés retumba la rigidez, la contaminación del alma y una identidad rota.

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“¡Ducha! ¡Brenducha! Que no se te olviden tus muñecos porque no regresaremos pronto.” Recuerdo la gran confusión que se crea en mí al saber que me mudaría a los Estados Unidos, y lo primero que pensé, fue si mi nombre iba a cambiar. Nunca olvidaré el camino a la frontera. Mientras que en el carro se abundaban las canciones del nuevo disco de Pegasso, mi mente flotaba en lo que sería conocer a otros chicos, sin saber la dura vida que me esperaba.

Desde que tengo memoria, mi nombre en la escuela siempre ha sido Brenda. Cuando estaba en tercero de primaria le pregunté a mi mamá, “¿por qué no tengo un sobrenombre como todos los chicos de mi clase?” A lo que ella me dedicó una lista enorme de los sobrenombres que mi familia tenía para mí. Algunos diminutivos como Biby, Brendita, Brendis, y Brendolina eran los más comunes entre mi familia. Al momento de realizar la gran diferencia que hacían estos nombres a mi propia identidad, entendí que era Brenda en español y la otra Brenda en inglés era una chica invisible que existía únicamente en el “mundo gringo,” como lo solía describir mi papá.

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Cuando le pregunté a mis padres el significado de mi nombre, no supieron responderme con precisión porque lo habían elegido. Mi mamá me cuenta que trataron de buscar nombres que se pudieran pronunciar fácilmente en español y en inglés. Desde antes de tenerme, mis padres fueron trabajadores migrantes en Iowa por seis años, por lo que sabían que yo ejercería mi educación en los Estados Unidos. De tal manera, quisieron evitar nombres que me causaron problemas en el futuro. Cuando le pregunté a mi papá sobre este tema, él me relató una anécdota de cómo decidieron darme mi segundo nombre por una señora que los ayudó mucho en el transcurso de su estancia en los Estados Unidos. Por lo tanto, el ponerme el nombre de esta mujer, ejemplificaba el gran esfuerzo que los llevó a vivir en el extranjero. Gringolandia, donde deje de ser la perlita fina de mi abuela y comencé a ser “la nueva indocumentada” con un pasaporte de ciudadanía estadounidense.

Por alguna extraña razón, mi segundo nombre siempre me ha dado el empoderamiento de sacar mi álter ego. La caligrafía del nombre Giselle enfatiza una sofisticada presencia. Por lo que decidí introducirme en Madrid como Giselle.

 

 

Giselle

Durante mi estancia en el país decidí que iba a crecer y salir de mi zona de confort, por lo que mi nuevo nombre me iba a dar la confianza en mí misma de modificar mis valores. El único problema es que soy “Gisel” en español y “Giselle” en inglés y seguía existiendo es inequidad entre estas dos identidades.

La continua confusión en cuanto a mi nombre me hizo reflexionar en la manera en que yo marginalité estas dos identidades. Empiezo a entender que debo de crear un compromiso con mi nombre. Un compromiso espiritual, equitativo y cultural, en el que integraría ambas culturas a mi identidad. Aunque uno me dé más confianza que el otro, y no sepa hablar ninguno de una manera profesional y correctamente ante la sociedad. Aunque no pertenezca ni de este lado ni del otro lado, me he prometido que crearía mi propio lado.

 


In 2019, Eilidh spent a semester at Trinity as a Fulbright Royal Society of Edinburgh Visiting Scholar working with the inimitable Prof Norma Cantú. In our class ‘Latinx Cultural and Artistic Expressions’ we read and discussed Sandra Cisneros’ story ‘My Name’ from The House on Mango Street. Students reflected on the importance of names and naming and wrote wonderful responses that we’ll share with you here.

Permission was given by the author to publish this work on The SALSA Collective website. Many thanks.

Some students did this piece of work for Spanish credit, others for General Education or Women’s and Gender Studies, so some will be in Spanish and some in English. This not only reflects the bilingualism of Latinx communities but also showcases the students’ development as they learn how to express themselves in these languages.

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